sábado, 6 de octubre de 2018

El infierno en la Tierra

[Aviso: la temática de este post no corresponde al tópico del blog, pero sentía la necesidad de escribir sobre mi último viaje para digerir lo vivido.]

Anoche me estaba acordando de cuando estuve en Auswitchz-Birkenau. Fue hace poco más de dos semanas y la primera parte que visitas es la zona museizada. Parece que el aire se congele, el sol no calienta en esas salas. En el exterior hacía casi treinta grados, pero el cuerpo se encoge al escuchar a la guía explicar el destino de las personas que pasaron por esas mismas habitaciones hace tan sólo unas décadas. Ver algunas de sus pertenencias amontonadas, cientos de miles de gafas, otras tantas maletas, ropa de bebé, restos de vida cotidiana inerte, resulta estremecedor.

En uno de los barracones que visité habían colgado fotos de cientos de personas que fueron detenidas, vestidas con el icónico uniforme y fotografiadas como criminales. Un paso clave en el proceso de deshumanización, tu nombre es reemplazado por un número y pasas a formar parte del registro. A pie de foto ponía: fecha de detención, fecha de deportación, fecha de muerte. Era muy difícil vivir más de tres o seis meses en un campo de concentración tan extremo, en condiciones inimaginables de calvario, higiene pésima, que finalmente se convirtió en campo de exterminio. Lo médicos militares habían calculado el mínimo de calorías que cada prisionero necesitaba ingerir para seguir trabajando y al mismo tiempo morir lentamente, día tras día. Unas trescientas calorías por jornada en forma de sopa aguada y otras limosnas alimenticias. 

Los gestos de incredulidad. Las miradas de miedo, de no saber qué está pasando. Esas expresiones faciales. Algunas reflejaban la conmoción de haberte sacado de tu casa a la fuerza, acomodada en un barrio bien, cuando apenas habías vuelto del trabajo, y acabar en este infierno. Otras miradas estaban fuera de este mundo, empezaban a comprender que de allí sólo saldrían en forma de ceniza. La resignación de entender que tu vida ha dado tal giro, que te van a maltratar hasta que mueras de agotamiento. 

Y ayer me vino a la mente una chica con la que conecté especialmente. Bastante joven, más que yo, miraba con un gesto profundo e indescriptible que me llegó al alma de inmediato. Su lustrosa piel me daba pistas del tipo de familia del que procedía, probablemete con formación y comodidades. Le habían rapado casi todo el pelo, en parte por evitar piojos, pero sobre todo porque las empresas alemanas lo compraban a buen precio para la fabricación de variedad de productos. Le habían arrancado su identidad casi por completo. Miré con un atisbo de esperanza sus fechas, quizás era de las dos o tres personas en la sala que se salvaron. Pero no. Allí murió asesinada entre familia, vecinos y amigos. Noté por un momento como si hubiésemos sido amigas, al sentir tanta empatía por ella y ponerme en su lugar. Porque podría perfectamente haber sido yo, si llego a nacer en ese atroz momento y lugar. La frescura que respiraba su rostro, su perspicaz mirada, la iban a aniquilar en cuestión de semanas. Ella caminó por los mismos senderos que yo aquel día, cruzando un día tras otro la gran puerta donde leía "Arbeit macht frei", yendo y volviendo del campo de trabajo. 

En ese campo vi cosas que no deberían existir. La crueldad sistematizada y llevada a extremos de manicomio. El terror convertido en industria. 



[Apunte: el ejército nazi no fue el primero en utilizar campos de concentración, pero sí el que sistematizó la industria de la muerte hasta niveles no vistos anteriormente en sus campos de exterminio, como por ejemplo con las cámaras de gas y crematorios donde asesinarion decenas de miles de personas inocentes. Lo llamaban la Solución Final. Hoy en día todavía existen campos de concentración, también conocidos como de trabajo forzado, donde muchas personas viven en condiciones inhumanas. Creo que es de vital importancia aprender de la historia para construir un mejor futuro y no cometer los mismos errores.]

1 comentario:

  1. Un relato impactante. Me imagino la visita y la verdad no sé si me atrevería a ir
    No sé porque los humanos seguimos sin aprender de estos hehos tan lamentables.

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