jueves, 26 de enero de 2017

Ruidos misteriosos

Durante el invierno, los y las suecas tienden a pasar mucho tiempo en casa. Es una costumbre de la que había oído hablar desde que llegué y, ahora que la experimento en primera persona, doy fe de ella. En realidad, dicha tendencia es totalmente comprensible teniendo en cuenta el clima desasosegado que nos acompaña durante esta temporada siendo, además, la más oscura del año. En otras palabras, digamos que sales a la calle y te topas con siete grados bajo cero junto con una brillante capa de hielo en el suelo, la cual aumenta las probabilidades de resbalón y espectáculo matutino. Pues una vez acabas tus quehaceres diarios, lo que te apetece -más que pasear en la oscuridad absoluta de las cinco de la tarde- es recogerte en casa y encender unas cálidas velitas mientras desarrollas cualquier tipo de actividad de interior.

A juzgar por el contexto, entonces, se plantea como una conducta de lo más lógica. Esta devoción por el hogar se manifiesta, por ejemplo, en la cantidad de comercios que encuentras especializados en productos para la casa. De veras, una cosa exagerada. No es casualidad que una de las empresas suecas más conocidas y exitosas en Europa sea Ikea, sólo párate a pensar qué venden. Les gusta cuidar su morada al detalle creando un ambiente cómodo y uno de los elementos que no suele faltar son las velas: en la estantería, en la mesa mientras comes, en cualquier lugar encajan. Durante el mes de diciembre y aproximadamente hasta mitad de enero, es frecuente iluminar las ventanas de manera que se ven desde el exterior, ya sea con lámparas en forma de estrella o, cómo no, más velas. Se colocan en la repisa de la ventana (aquí se orientan hacia dentro) dando lugar a esa atmósfera tan "mysig" que los suecos anhelan desde que los días empiezan a disminuir en horas de luz. Este adjetivo resulta bastante característico de su cultura y podría traducirse como cualidad de acogedor, íntimo, hogareño y confortable.

Así que yo, mimetizándome con el entorno, disfruto del los ratos en casa cual sueca hogareña. Ya tengo mi pequeña vela con olor a lavanda, regalo de una querida amiga, pero aun así hay algo que me sigue inquietando. Son esos ruidos misteriosos. No lo entendía, casi siempre a la misma hora. Incluso, a veces, más de una vez por semana. Hasta que descubrí de dónde venían, me han tenido en estado de intriga, y el caso es que no consigo acostumbrarme. Da lo mismo en que habitación esté, de repente ¡zas! golpe seco. Como si algo se cayera cerca del recibidor. Me acerco a comprobar y...nada. Qué extraño. Cada varios días lo mismo, hay momentos en los que parece que alguien golpee la puerta de forma brusca. Por suerte, casi todo en esta vida tiene una explicación y te puedes imaginar la expresión de mi cara cuando un día me doy cuenta de que, ejem, es el correo. Hay una carta para mí. Lo absurdo del asunto es que era consciente de que las cartas te llegan directas a la puerta, pero como se quedan introducidas en el hueco de la puerta -por lo que puede que no las veas al momento- y a veces es mi pareja quien las recoge, no había relacionado ambos conceptos.

¡Cuánto susto innecesario! Lo mejor del suceso es que, aun conociendo el origen de los ruidos misteriosos, sigo dando un bote cada vez que me pillan desprevenida.




*Aquí veis el escaparate de una tienda de lámparas y todo tipo de iluminación doméstica donde se distinguen los candelabros y estrellas que os comentaba.

jueves, 19 de enero de 2017

Lagom är bäst

Si existe una palabra que identifica la cultura sueca es lagom. Como mínimo eso es lo que afirman mis nuevos conciudadanos. Llegan al punto de asegurar que para poder comprenderla completamente, uno debe ser sueco.

Haciendo oídos sordos a esta sentencia desesperanzadora, la curiosidad me ha llevado a preguntar sobre su origen y consultar alguna que otra fuente. La explicación más popular se remonta al tiempo en que los vikingos dominaban el panorama escandinavo. Se cuenta que, entre sus costumbres más apreciadas, se encontraba la de reunirse alrededor de una gran mesa de madera a beber su típica cerveza, llamada mjöd. Según los defensores de esta versión, dichos vikingos compartían un mismo cáliz y lo iban pasando uno a uno para que todos pudieran beber. El grupo de personas congregadas en este ritual se conoce como lag y a esta palabra se le añade la preposición om, viniendo a significar a grandes rasgos "alrededor de": lag + om. Como los integrantes de la reunión no debían beber demasiado para que hubiera suficiente para el siguiente, a día de hoy lagom expresa este punto medio o moderación.

A pesar del empeño y disfrute que ponen los narradores de esta leyenda, los especialistas en lengua sueca no ven fundamento alguno y nos ofrecen una aclaración con base histórica. Según el consenso actual, esta célebre palabra viene de la antigua forma plural en dativo del substantivo lag (ley). Esto se remonta al tiempo del fornsvenska*, en que se decía laghum y significaba "según promulga o establece la ley", es decir, legalmente. Está documentado ya su uso como adverbio a inicios del 1600 expresando la idea de actuar de acuerdo a la ley, a no quebrantarla. Y así, con el paso del tiempo, su uso se ha ido modificando paulatinamente hasta la concepción actual, refiriéndose a "ni demasiado en exceso ni demasiado poco".

Dejando apuntes etimológicos aparte, vayamos a lo práctico. ¿Cuándo se oye esta expresión? Pues en cualquier momento y lugar, de ahí que en ocasiones cree confusión en los aprendices de sueco. La puedes usar para hablar del tiempo, de tu estado de ánimo, de la calidad de un objeto...o tan simple como:
-¿Está el café demasiado caliente?
- No, perfectamente lagom.


Las implicaciones culturales de este término se dejan entrever, por ejemplo, en el refrán que reza lagom är bäst, que entendería como el aprecio por actuar adecuadamente, en su punto de discreción, sin destacar ni para bien ni para mal. Reconozco que lo que me llama la atención es lo mucho que se insiste en la imposibilidad de traducirlo a ninguna lengua haciendo justicia a los matices y riqueza de su significado. Será porque no soy sueca, pero en confianza os digo que sí le encuentro equivalentes en otras culturas. Sin ir más lejos, cuando descubrí el sentido de dicha palabra me vino a la mente la expresión aurea mediocritas que, aunque frecuentemente es conocida en su forma latina gracias al poeta romano Horacio, los filósofos griegos ya dejaron constancia de ella anteriormente. Su influencia en los pueblos mediterráneos es notable y no significa otra cosa que la voluntad de buscar una conducta moderada o punto medio entre los extremos, en su justa medida. Y, así, vemos casos similares en otras culturas.

Aunque este concepto haya surgido también en otros contextos, lo que sí parece cierto es que no tenemos una sola palabra que lo resuma, sino expresiones compuestas que transmiten esta misma idea, con lo que conserva ese toque especial. Al menos no se me ocurre en las lenguas que conozco. ¿Hay alguna que os venga a la mente?







*Fornsvenska: sueco considerado antiguo que se hablaba y escribía ca 1200-1500.
*Fuente teorías: Monika Åstrom. Språkporten 1,2,3. Studentlitteratur, 2012.

jueves, 12 de enero de 2017

Papel de regalo navideño

Una de las cosas que más me mola hasta el momento de la cultura sueca es el orden. Vale, puede que esto sea relativo en función de donde vengas o hayas crecido, lo sé. Pero yo lo noto, en serio, no estoy acostumbrada. No es que salgas a la calle y sea lo primero que piensas, más bien se trata de algo que está en los detalles pero repercute en cómo funciona el conjunto del sistema.

Si vives en un país mediterráneo, puedo intuir que con toda probabilidad lo notarías. Uno de los lugares donde esto se hace evidente es en la comunidad de vecinos, ese microcosmos donde conviven todo tipo de personas compartiendo desde edificio y rellanos hasta, supuestamente, respeto mutuo. Os aseguro que el ambiente de las viviendas donde compartí piso en Barcelona a lo largo de varios años era muy diferente del que se respira aquí. Silencio, calma, estructura, armonía, deferencia. Allí, en cambio, nunca di con una comunidad en la que no hubiera el típico vecino que grita o hace ruidos a horas intempestivas, o bien el que decide que las normas de los espacios comunes no le incumben, entre un sinfín de pesadas situaciones. Por eso, desde que me instalé aquí, he ido viendo como el aprecio de los suecos por las normas se hace presente incluso en el entorno vecinal.

Fue volviendo de las vacaciones navideñas cuando me topé con un cartel nuevo en la entrada del edificio que me hizo volver a reflexionar sobre el asunto. Al irme a finales de diciembre, ya estaba colgado el cartelito de felicitación que veis más abajo, no podía faltar. Pues en enero habían añadido uno que, sinceramente, me hizo bastante gracia: indicaciones sobre la forma más adecuada de tirar a la basura los restos de papel de regalo post-navideño. Toda instrucción es poca, están por todas partes, y por lo visto según la temporada añaden preceptos extra según las necesidades. Desde luego, la cosa no tiene desperdicio.

La verdad es que tirar la basura se convierte en una tarea de alta responsabilidad. Siempre he sido bastante obstinada con lo de reciclar y muchas personas me decían que perdía el tiempo, que lo dejase pasar. Pues aquí te encuentras la mentalidad contraria: separar la basura es obligatorio y, como te equivoques... ¡multa para la comunidad de vecinos! Tal cual.





*Por desgracia se me pasó hacer foto del otro rótulo con las instrucciones, venía con dibujitos de colores también ;)

viernes, 6 de enero de 2017

¿Esto de qué va?

Uno de los aspectos que más me gusta de viajar es el choque cultural que inevitablemente se genera. Aunque para algunas personas resulte estresante o incluso produzca cierta desorientación, mi mente lo plantea como un universo estimulante, infinidad de cosas por descubrir.

Al mudarte a otro país, el efecto se presenta de forma parecida pero con una notable diferencia: no estás de vacaciones. Sí, cosa que condiciona bastante. Por supuesto, la tesitura varía muchísimo en función de las razones que te llevan a ello. No es lo mismo hacer un intercambio erasmus que irse de prácticas, moverte porque te ofrecen un trabajo que ir a buscarlo, o elegir iniciar una experiencia de voluntariado que huir de una guerra.

Afortunadamente, mi caso no forma parte de las motivaciones más dramáticas, ya que tuve oportunidad de decidir o elegir venir aquí y esto vuelve el proceso mucho más ameno. Conocer una cultura totalmente nueva, aprender un idioma e integrarme en esta sociedad se convierte en una aventura de lo más entretenida. Sin duda, son innegables los momentos en que mandarías todo al garete y te irías por donde has venido, pero hasta ahora las ventajas superan de lejos los inconvenientes. ¿Es parte del proceso, no? En los seis meses que llevo en tierras escandinavas todo parece emocionante y curioso, ya os contaré dentro de un tiempo.

Como antes de venir lo poco que sabía de la cultura sueca venía de los referentes sociales, estereotipos rimbombantes y otros rastros efecto de la globalización, me propongo compartir pequeños episodios de lo que supone la vida cotidiana por estos lares. A veces los contradiré, otras quizá los confirme o, simplemente, os cuente algo que me parezca divertido-peculiar-interesante. Al fin y al cabo, se trata de compartir experiencias y enriquecernos con lo que os apetezca comentar.