jueves, 6 de abril de 2017

De särbos va la cosa

Definitivamente lo de casarse no se lleva en este país. Reflexionaba sobre esta cuestión el otro día, ya que en poco más de seis meses voy a asistir a dos bodas de amigos españoles mientras que aquí no es algo demasiado visible. Parece que en la cultura sueca este ritual pasó de moda hace algunas décadas. 

La sospecha rondaba en mi mente desde hacía semanas y, por lo visto, no se limita a la superficial impresión de una recién llegada. Según dos estudios llevados a cabo por la Universidad de Göteborg y Svenska Kyrkan*, la juventud sueca interpreta el matrimonio como un compromiso demasiado serio y de costes elevados. Las investigaciones se realizaron por separado por parte de cada entidad, entrevistando a parejas jóvenes con el consiguiente seguimiento de sus relaciones durante unos años. Los resultados sorprendieron al equipo de investigadores y ambas derivan en la misma conclusión: se prefiere tener hijos a casarse. En otras palabras, contraer matrimonio resulta arriesgado, mientras que tener descendencia con otra persona se entiende como asequible y sencillo. Hubo alguna declaración en concreto que me llamó la atención por frecuente, afirmando que "no estoy segura de que mi relación tenga futuro, pero dado que mi pareja podría ser buen padre, encuentro razonable tener un hijo con él y, después, siempre podemos separarnos". Este razonamiento se repetía bastante tanto en mujeres como hombres, en su mayoría parejas heterosexuales. 

Honestamente, debo decir que leer semejante afirmación choca con mi visión y expectativas sobre las relaciones de pareja. Desde mi perspectiva conlleva mucha más responsabilidad tener un bebé con otra persona que casarme con ella. Al fin y al cabo, aunque al pedirle matrimonio a alguien esperas una relación próspera y con futuro, siempre queda la posibilidad del divorcio en caso de que la situación se tuerza. Y adiós muy buenas. En cambio, lo que implican los hijos en común es un lazo fuerte e inevitable de por vida, cuidarlos en común hasta que sean independientes, custodia compartida, e incluso cumpleaños y otras celebraciones indefinidamente. No veo la opción de firmar un papel y desandar lo andado.

Imagino que se trata de una cuestión de prioridades, todo depende del filtro cultural con el que se mire. ¿Qué estructura familiar es la predominante en Suecia, entonces? Pues por un lado podemos ser sambo respecto a nuestra pareja, es decir, vivir juntos sin casarnos. La ley reconoce este tipo de unión e intuyo que es la más común, en numerosas ocasiones con hijos incluidos. A partir de aquí existen varias versiones de este modelo, como por ejemplo ser särbo: pareja estable de larga duración cuyos integrantes viven separados (de la expresión sueca i sär). Por lo que he oído, esta alternativa se suele dar en parejas de personas mayores en que un integrante o ambos están viudos y pueden tener ya hijos mayores, por lo que desean entablar una relación romántica sin renunciar a su independencia ni volver a formar un núcleo familiar de vivienda compartida. Eso sí, la palabra que se me quedó grabada entre todo este vocabulario familiar por el toque cómico fácil respecto a la lengua castellana es mambo: persona que todavía vive con su madre/padre, de las menos habituales.


Fotografía de Gustav Adolf kyrkan, iglesia en Borås. Cada vez menos personas optan por la ceremonia religiosa.

Como no podía ser menos, la ley acoge estas organizaciones familiares con el término könsneutral äktenskaplag, que viene a significar "relaciones neutras en términos de género". Toda persona tiene derecho a elegir casarse o vivir como sambo en las mismas condiciones, independientemente de su género u orientación sexual. 






* Artículos con información sobre los estudios en: Monika Åstrom. Språkporten 1,2,3. Studentlitteratur, 2012.

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